¿Qué necesito para hacer un terrario?
Un recipiente de cristal, arlita o grava para el drenaje, carbón activado, sustrato, plantas pequeñas y, si quieres, musgo. Con eso y una tarde tienes uno montado.
Una tarde, material barato y cinco pasos. Lo que decide el resultado no es la habilidad: esel orden de las capas y elegir bien las plantas.

Con agua y jabón, y seco del todo antes de empezar. Un cristal sucio en un ambiente húmedo y cerrado es una invitación a los hongos.
Una capa de tres a cinco centímetros de arlita en el fondo. Es el colchón donde va a parar el agua sobrante, y sin él esa agua se queda tocando las raíces. Es el error de montaje más habitual y el más difícil de corregir después.
Una capa fina sobre el drenaje. Hace de filtro: absorbe impurezas, neutraliza olores y ayuda a prevenir hongos y bacterias. Está desarrollado en las capas de un terrario.
Una capa de sustrato suficiente para las raíces, sin llenar el recipiente: hay que dejar altura para que las plantas crezcan.
Si vas a poner musgo de base, colócalo antes y deja los huecos para las plantas. Después se planta con cuidado y se aprieta la tierra alrededor de cada raíz.
Para cerrado, plantas que quieran humedad: fitonias, helechos, musgo. Para abierto, suculentas. Mezclarlas es el error que más terrarios estropea.
Piedras, un tronco pequeño, lo que quieras — con moderación, porque cada objeto quita sitio a las raíces.
El primer riego, con pulverizador, hasta que el sustrato esté húmedo y se vea que el agua empieza a asomar hacia la capa de drenaje. A partir de ahí, mejor quedarse corto: en un cerrado el agua no tiene salida.
Se empañará bastante, algunas hojas se pondrán feas y te arrepentirás de alguna planta. Todo eso es normal.
Lo que hay que vigilar es el cristal: si está empañado del todo y no se ve el interior, abre unas horas. Si no se empaña nada, falta agua. El resto es esperar.
El primero suele salir regular. Es barato equivocarse y ahí está el aprendizaje: casi siempre falla la luz —sol directo— o una planta que crece demasiado. Si algo se tuerce, en problemas del terrario está el diagnóstico.
Un recipiente de cristal, arlita o grava para el drenaje, carbón activado, sustrato, plantas pequeñas y, si quieres, musgo. Con eso y una tarde tienes uno montado.
La referencia habitual es de tres a cinco centímetros de arlita en el fondo. Es la capa que evita que el agua sobrante se quede tocando las raíces.
Actúa como filtro: absorbe impurezas, neutraliza olores y ayuda a prevenir hongos y bacterias. No es imprescindible en todos los montajes, pero en un cerrado se agradece.
Las que quieran humedad: fitonias, helechos pequeños y musgo. En un terrario cerrado una suculenta se pudre.
Poco y con pulverizador, hasta que el sustrato esté húmedo y se vea que el agua empieza a asomar hacia la capa de drenaje. A partir de ahí, mejor quedarse corto.
Suele salir regular, y no pasa nada. Es un montaje barato y el aprendizaje está justo en ver qué falla: casi siempre la luz o una planta demasiado ambiciosa.